
El dbujante catalán departió acerca de su carrera profesional, sus obras y su mecánica de trabajo.
A las 18:30 h. del sábado comenzó el encuentro de Lafebre con sus lectores, tan ameno como didáctico. Con Carlos Portela y Melo como moderadores, hubo tiempo para comentar cuestiones como el papel que jugó la Escuela Joso de cómic en su conocimiento del oficio; una formación compaginada con la carrera de Bellas Artes en la que, pese a toparse con la indiferencia que suele generar la historieta en ámbitos académicos, pudo adquirir sólidos cimientos en diferentes disciplinas.
Llegado el turno de repasar sus inicios profesionales en el cómic de corte erótico, única salida existente en aquel momento; y cómo a raíz de la obra de corte infantil El mundo de Judy -serie publicada en la revista Mister K- llamó la atención del guionista guionista Zidrou, que pese a ser todo un best-seller en el mercado franco-belga, "conserva la energía de un novato". A partir de ahí comenzó una colaboración condicionada por un entendimiento no verbal especialmente fluido, casi instintivo. Fruto de esa compenetración han surgido diferentes trabajos, como La anciana que nunca jugó al tenis y otros relatos que sientan bien, o una de las más gratas sorpresas del presente año: Lydie.
Precisamente sobre esta obra giró buena parte de la charla, abordando cuestiones como la evolución de su trazo, desde un estilo "con mucha deformación, buscando el humor casi desde lo grotesco (...) la anatomía, aunque tenía rasgos un poco realistas, tenía una plasticidad muy cartoon". Sin embargo, Lydie requería otro tipo de estilo, que desarrolló en base a los consejos de Zidrou respecto a aquello que estilísticamente debería evitar en el mercado francés. Lafebre también apunt� cómo logró esquivar la posible sensiblería en la que podría derivar la historia en caso de incurrir en una interpretación gráfica inadecuada, y el modo en el que, en ese sentido, las decisiones cromáticas jugaron un papel determinante: "hay una cosa que los muy buenos narradores, de los que intento aprender, hace muy bien: es una especie de susurro, una pequeña música entremezclada en los detalles", que marca el tono de la obra. Sugerencias, insinuaciones, que prescisamente realizó apoyándose en las tonalidades predominantes en cada escena y en pequeños detalles gráficos insertados en cada página.
Una comparecencia tremendamente instructiva, que el historietista barcelonés enriqueció con numerosas explicaciones técnicas -a la par que amenas y didácticas- sobre las muestras de su obra proyectadas en la sala de conferencias del Kiosco Alfonso.